jueves, 15 de mayo de 2008

¿El derecho al placer?


Con asombro hace unas semanas escuché que en la Asamblea se está proponiendo que se incluya el derecho al placer de las mujeres en la nueva Constitución.

Pero no al placer que produce una taza de chocolate caliente con galletas en una tarde típica de Guayaquil, o al placer que genera el trabajo bien hecho, o a la emoción que sentimos cuando conocemos en persona a alguien a quien admiramos.
No, el placer en cuestión es el placer sexual sutilmente desconectado de la dimensión afectiva de la persona.
Hoy se habla tanto de derechos humanos, que en ocasiones se agregan con facilidad y extrañas intenciones, ideas y posturas a los temas oficialmente aceptados dando por hecho su legalidad y llevando a la confusión a más de una persona joven o adulta.
Al margen de las posibles iniciativas legislativas sobre el derecho al placer sexual de las mujeres, las experiencias en estas actividades institucionales me han llevado a recordar la sabiduría de uno de los grandes del siglo pasado: Mohandas Karamchand Gandhi.
Julián Huxley, director de la UNESCO preguntó en 1947 a Gandhi su opinión sobre la Declaración Universal de los Derechos Humanos que entonces preparaba una comisión, y que posteriormente sería puesta a consideración de la recién fundada Asamblea General de la ONU.
En una carta muy breve con fecha 25 de mayo del mismo año, cuando Gandhi viajaba en tren a Nueva Delhi le contestó: “…Los derechos que pueden merecerse y conservarse proceden del deber bien cumplido…con esta declaración fundamental quizás sea fácil definir los deberes del hombre y la mujer y relacionar todos los derechos con algún deber correspondiente que ha de cumplirse primero. Todo otro derecho será una ursupación por la que no merecerá la pena luchar”.
Se puede afirmar que la actividad sexual es rechazable cuando atropella los derechos de la otra persona, convirtiéndola en un objeto sexual, esclaviza con el placer egoísta, el placer genital se desvincula del amor y del compromiso con la otra persona y está ausente la responsabilidad del amor sexual.
Siguiendo las profundas reflexiones de Gandhi, mujer y hombre merecen y conservan el derecho al placer sexual cuando se cumple primero con el imprescindible deber de AMAR.
El mismo Freud señaló el carácter anárquico, bestial y asocial del placer sexual cuando es vivido egoístamente, sin alteridad.
Una sexualidad sin alteridad encierra a la persona sobre sí misma de modo narcisista y la sumerge en la soledad del yo.
Una clave muy clara para explicar el comportamiento sexual humano es su interpretación dialógica como una forma privilegiada de comunicación y encuentro entre una mujer y un hombre.
La sexualidad es la mediación exclusiva y el verdadero lenguaje humano que construye el yo mediante la apertura al tú para lograr el nosotros.
En nombre del derecho al placer sexual no se puede cosificar o instrumentalizar a la otra persona. Es indigno tratar a una mujer o a un hombre como un objeto de placer. ¿O no les parece asi?.
El amor de la pareja pide que la intimidad sexual sea más una expresión de entrega que una necesidad biológica, que se convierta más en una donación completa personal que no en el egoísmo del placer satisfecho por más leyes que lo respaldaran.
Además el amor como gozo entre una mujer y un hombre deja de serlo si no se convierte en amor como tarea.
“Yo no creo en el amor eterno, ni en eso de `hacer el amor´, creo en aquel que se trabaja día a día como tarea de orfebrería psicológica” ha dicho el reconocido psiquiatra Enrique Rojas.
Si no aprendemos a vivir con quien amamos, fácilmente dejaremos de hacerlo.
El amor entre la mujer y el hombre no es sólo un sentimiento que se tiene, sino toda una tarea que se construye y una vida común llena de sorpresas y de imprevistos.
La convivencia de una pareja no puede ser un continuo placer. Simplemente la vida cotidiana no es así.
Por sí mismo el sexo no produce entre las personas que se aman la donación, el diálogo y el perdón.
Por lo tanto, el deber de amarse, para ser prácticos, es de todos los días, aunque nos cueste.
Las mujeres y los hombres que han marcado la historia de la humanidad, antes de dar discursos, vivieron una a una las ideas que llevaban en el corazón.
Mahatma Gandhi primero habló y vivió deberes, y después habló y exigió derechos. Saquemos conclusiones... veamos solamente LA VERDAD!!!

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